La propuesta teórica sobre el duelo formulada por Worden (2013) marca una distancia crítica respecto a los modelos clásicos que conciben la pérdida como un tránsito pasivo y secuencial por distintas fases. El autor advierte que las teorías fundadas en estadios rígidos suelen ser objeto de interpretaciones reduccionistas. Con respecto a la recepción de la obra de Elisabeth Kübler-Ross sobre las etapas del morir, Worden (2013) subraya que “muchas personas esperaban que los pacientes moribundos pasaran por todas las etapas que había enumerado siguiendo un orden riguroso” (p. 55), una lectura esquemática que posteriormente se trasladó a la comprensión del duelo con limitaciones análogas.
Frente a este riesgo de asumir las fases de manera literal, y aun reconociendo el valor conceptual de investigadores como Bowlby, Parkes y Sanders, (como se citó en Worden, 2013) el autor propone que esta noción de tareas del duelo se plantee como una alternativa para desarrollar una mayor utilidad comprensiva. Esta diferencia sustancial radica en que la idea de fase proyecta pasividad, un estado que la persona padece o por el cual simplemente atraviesa, mientras que el concepto que el autor propone como tareas restituye la agencia del sujeto al asumir el duelo como “una adaptación a la perdida” (Worden, 2013, p. 57) y con ello devolver asi al individuo la capacidad de intervención directa sobre su proceso afectivo.
En concordancia con esta postura dinámica, Worden prioriza la categoría de adaptación sobre términos tradicionales como recuperación o restablecimiento. Desde su perspectiva, las personas no retornan a un estado previo intacto, sino que atraviesan procesos diferenciados donde “algunas personas se adaptan mejor a la pérdida y otras se adaptan peor” (Worden, 2013, pp. 32-33). Así, el duelo no se reduce al acontecimiento posterior a un fallecimiento, sino que se constituye fundamentalmente como el proceso de reajuste continuo frente a la ausencia del ser querido.
Con la finalidad de sistematizar el acompañamiento psicoterapéutico, Worden (2013) organiza el trabajo de adaptación en cuatro tareas fundamentales que no exigen una secuencia cronológica inflexible, aunque poseen una coherencia interna. La primera tarea consiste en aceptar la realidad de la pérdida, lo que implica afrontar “plenamente la realidad de que la persona ha muerto, de que se ha marchado y no va a volver” (p. 57). La conducta contrapuesta a este logro es la negación, la cual puede manifestarse desde distorsiones leves en la percepción hasta estados severos de autoengaño sobre la irreversibilidad de la pérdida.
La segunda tarea se orienta a elaborar el dolor de la pérdida. Para precisar la naturaleza de esta vivencia, el autor recurre al término germánico Schmerz, cuya definición comprensiva “incluye el dolor literalmente físico y el dolor emocional y conductual que sufren muchas personas tras una pérdida” (Worden, 2013, p. 62). Evitar o adormecer esta experiencia dolorosa impide la resolución del proceso, favoreciendo la reaparición posterior del sufrimiento mediante sintomatología somática o alteraciones del comportamiento.
La tercera tarea demanda adaptarse a un mundo sin el fallecido, dimensión que involucra tres niveles complementarios de ajuste cotidiano: las adaptaciones externas, referidas a la reorganización de las funciones y roles diarios; las internas, ligadas a la redefinición del sentido de sí mismo y de la propia identidad; y las espirituales, orientadas a la reestructuración del sistema de creencias y valores (Worden, 2013).
Por su parte, la cuarta tarea plantea redefinir la relación afectiva con la persona ausente. En su edición más actual, Worden reformula esta exigencia al definirla como “hallar una conexión perdurable con el fallecido al embarcarse en una vida nueva” (2013, p. 69). Esta formulación se distancia del principio clásico expresado por Freud, según el cual “en el duelo hay que realizar una tarea psíquica muy precisa: su función es que el superviviente desvincule del fallecido sus esperanzas y sus recuerdos” (1917/1957, como se citó en Worden, 2013, p. 68). El modelo de Worden precisa que los sujetos no rompen de forma absoluta el vínculo, sino que construyen una conexión simbólica que les permite proseguir con su existencia.
Ahora bien, la delimitación de las cuatro tareas resulta insuficiente para explicar la variabilidad observada en la práctica. Para responder a esta heterogeneidad, el autor introduce los mediadores del duelo, argumentando que “no basta sólo con conocer las tareas del duelo. También es importante que el asesor entienda la segunda parte del proceso: los mediadores del duelo” (Worden, 2013, p. 77). Estos factores actúan como variables moderadoras de la vivencia individual.
Worden (2013) identifica siete mediadores principales: el parentesco e identidad del fallecido; la naturaleza del apego (fuerza, seguridad y ambivalencia); las circunstancias del deceso (si fue natural, repentino, violento o estigmatizado); los antecedentes de pérdidas previas; los factores de personalidad (edad, sexo y estilo de afrontamiento); las variables sociales de apoyo; y las crisis o tensiones concurrentes.
Respecto a las variables individuales, se otorga singular relevancia a los recursos de ajuste afectivo, dado que “el duelo de una persona está mediado por su forma de afrontar los problemas en general: hasta qué punto inhibe los sentimientos, cómo sobrelleva la angustia o cómo afronta situaciones estresantes” (Worden, 2013, p. 85). Esta precisión confirma que la respuesta ante la muerte depende de la interacción entre el estresor y la estructura psíquica del doliente.
A modo de cierre, Worden (2013) formula una advertencia central: “Existe la tendencia a simplificar los factores determinantes del duelo y los mediadores del duelo, sobre todo en el campo de la investigación” (p. 96). Asimismo, evita fijar plazos rígidos para la conclusión del proceso, sosteniendo que este “acaba cuando se han realizado las cuatro tareas” (p. 97). En conjunto, tareas y mediadores constituyen marcos orientadores que permiten comprender y respetar la singularidad de cada adaptación.
Referencias
Worden, J. W. (2013). El tratamiento del duelo: Asesoramiento psicológico y terapia (4.ª ed.; G. Sánchez Barberán, trad.). Paidós. (Obra original publicada en 2008)